Alerte aux rats dans les parcs et jardins de ParisDans plusieurs parcs et jardins de la capitale, les rats prolifèrent au point que des mesures de fermeture ont été prises.
La rata, el animal predilecto de Copi, roedor que anda por las sombras, evitando el contacto solar, transgrediendo la higiene humana, prolifera estos días sobre la ciudad de las luces, ciudad que también albergó a Copi, ciudad en la que también Copi vagó por sus laterales hasta salir a la superficie, y recibir el calor de un cortejo de lectores, espectadores, actores, amigos y periodistas, argentinos, pero sobre todo franceses. Dibujó, actuó, escribió y pensó una ciudad-rata. El devenir de le rat (o su anagrama, l´art) se convirtió en un lenguaje, en una lógica imaginaria desde la cual Copi (des)clasificó todo, allí donde el límite entre lo humano, o la convivencia con lo humano, perdió un significado convencional.
En La ciudad de las ratas (ese vertiginoso texto que se publicó primero como folletín -el carácter epistolar posibilita las entregas- en la revista Hara-Kiri y luego como novela), la París (ficcional) deviene catástrofe como en estos días: una masa inmensa de smog se posa sobre este cielo y una horda de ratas invade la ciudad (real). La París de Copi se destruye (como todo en Copi) y las ratas buscan fundar una nueva ciudad: el nuevo mundo es ahora "Disneylandia" (una de las cartas, otro de los sueños, en donde los personajes se visten con prendas de Mickey Mouse en una juguetería). "Esos estúpidos dibujos animados cinematográficos".
Las ratas de Copi son el reverso de los ratoncillos simpáticos que imaginó Walt Disney y que convirtió en uno de los símbolos más potentes de la sociedad de consumo occidental. Las ratas de París (como las de Kafka o las de cualquier ciudad) son el reverso (la contracara, la contracultura) de la lógica de consumo capitalista, precisamente, porque se alimentan de los desechos que ésta produce a montones. Walt Disney imaginó lo que Copi habría despreciado con las entrañas: reconciliar dos universos dialmetralmente opuestos: el de la rata (la alcantarilla, los residuos y la marginalidad más desdeñada) y el de la sociedad de consumo (con sus plásticos descartables y sus ratones sonrientes) que todo lo clasifica y lo convierte en mercancía.
Ni Mickey Mouse ni Gouri ni Rakä (ni Iris ni Carina) transmiten enfermedades ni generan enemistades o fascinación. Son las ratas de París que cierran parques y jardines, a pesar de una tribu de zombies parisinos que defienden los derechos de las ratas: "Une pétition pour sauver les rats à Paris recueille plus de 17.000 signatures". "Il faut arrêter le massacre", exclaman. Tomen nota: en Copi, la muerte es inevitable.
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